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Source: El Diario
Subject: Youth & School Programs
Type: Media Coverage

American Dream: ¿Sueño o pesadilla?

Patricia y Fausto nunca se hubiesen conocido en Ecuador,
país en el que ambos nacieron ella hace 21 años, el 24. Si bien los dos son de
la Costa, crecieron en lugares distintos. Fausto es de Quisapincha y Patricia
de Gualaceo. Fue aquí en Bushwick, Brooklyn, que los jóvenes trabaron una
sólida amistad. Los une mucho más que su juventud y su tierra de origen. Tanto
Patricia como Fausto debieron pagar un alto precio por el sueno americano; tan
alto que sus historias invitan a cuestionarse si realmente vale la pena
perseguirlo.

Después de cursar a distancia el
primer semestre de la carrera de comunicación, Fausto, el cuarto de diez
hermanos, debió abandonar los estudios. "Ya no nos alcanzaba para la
universidad. Todo nos costaba muchísimo y no teníamos suficientes recursos",
comenta sentado en un banco de plaza mientras Nueva York se va poniendo tan
oscura como su relato.

Pati tenía apenas un ano cuando su padre, preocupado por
cómo sacar adelante a su esposa e hijos, tomó una decisión que los salvaría
pero también los marcaría para siempre. "El se vino para aquí solo. Nos dejó a
todos en Ecuador y se vino buscando oportunidades". Pasarían largos años,
siete, para que volvieran a verse. "Para mí era un extrañó, no le conocía. No
fue realmente un reencuentro, sino verle por primera vez".

Fausto dejó Ecuador para seguir los pasos de una hermana
que ya estaba en Nueva York. "Al llegar aquí estaba perdido no sabía los
nombres de las calles, no entendía ni me podía hacer entender. Todo era
desconocido". Se sentía ajeno y extraño, comenta. Fausto no sabía que apenas
dos anos después de ese comienzo tan duro, él mismo estaría narrando su
experiencia en un pequeño documental. "Somos parte de un taller de video donde
aprendimos cómo usar la cámara para contar nuestras historias", explica
Patricia.

La idea fue de Gisela Sanders Alcántara una mexicana
interesada en reunir un grupo de muchachos y muchachas, en lo posible hijos de
inmigrantes, que tuvieran algo qué decir. "Estaba reclutando jóvenes en Make the Road New York, la
organización donde Fausto y yo nos conocimos". "Había ido allí a aprender
inglés", agrega Fausto. Finalmente el grupo término siendo mucho más que eso.
"Lo siento como familia", comenta Fausto, "y aprender a filmar y a contar algo
me pareció muy divertido y es algo útil".

El proyecto, denominado New Children New York, dio a luz
una serie de cortos documentales sobre las vivencias de estos singulares
muchachos desde su propia óptica. Fausto y Patricia contribuyeron con dos mini
películas cada uno. "Además de la que te comenté donde cuento lo hostil que
fueron mis comienzos aquí realicé otra para mostrar cómo los ecuatorianos de
Nueva York preservan nuestras danzas folclóricas en las celebraciones del 10 de
agosto, el día de la independencia. Es que no por vivir aquí los latinos
debemos adoptar Halloween y olvidarnos de lo nuestro", dice en tono seguro.

Patricia dedicó uno de sus cortos a
la problemática de la separación familiar, un tema que vivió en carne propia y
que la signó para siempre. "Vivimos aquí tres anos toda la familia unida pero
las cosas no andaban bien. Mi padre trabajaba de taxista", cuenta esta joven de
ojos vivaces y frases punzantes, "y mi madre en una factoría. Trabajaban de sol
a sol pero el dinero no alcanzaba y no teníamos casa propia. Mi hermana comenzó
a portarse muy rebelde y mis padres decidieron enviarnos de nuevo a Ecuador
hasta que pudieran abrirse paso. Volvimos a desmembrarnos. Por estas ausencias
prolongadas yo no puedo decir que realmente conozco a mi padre. Lo adoro pero
no sé bien quién es".

La falta de papeles, el ser ilegal, es otro tema que la
atrajo. "Vi a mi padre esconderse en un closet cuando la policía vino a casa a
preguntar por un vecino del segundo piso. El siempre fue indocumentado a pesar
de haber vivido aquí veinte años. Para mí implica muchas limitaciones no tener
los papeles." Fausto –quien aún no tiene documentosescucha a su amiga
atentamente. "Es verdad. Se sufre muchísimo sobre todo no poder salir a visitar
a la familia".

La madre de Patricia logró la documentación para sus tres
hijos y por eso Pati puede ir y venir libremente y aprovecha esa libertad para
ir seguido a su tierra. "Haber estado lejos de mis padres que lo dieron todo
por hacerse una vida mejor acá me hizo valorar más que nunca a mi país y voy
mucho. Recién acabo de regresar." Además de ver a su padre —a quien por su
situación inmigratoria no puede ingresar a EE.UU. por 10 años— Patricia cumplió
el sueño de su amigo, Fausto, y también visitó a su familia. ¿Cuántos años
tiene el menor y cuantos el mayor de 10 her- manos?, preguntamos. Fausto
cavila, se toma su tiempo para responder y luego le pregunta a Patricia. "¿A mí
me preguntas por la edad de tus hermanos? Eres tú el que tiene que saber". "Es
que después de cuatro anos sin verlos creo que me estoy desenfocando", responde
él.

La de Fausto
es la realidad de los millones de indocumentados que se encuentran en Estados
Unidos. Encerrados en esta caja de cristal que les brinda los beneficios
económicos que no encuentran en sus países, caen en la cuenta que la caja está
cerrada con triple llave y han quedado por siempre adentro; quien sale, no
puede volver. Con su cara de adolescente rápidamente hecho adulto y sus fuertes
rasgos indígenas, Fausto asegura que la cotidianeidad de alguien sin papeles no
es tan mala si "uno respeta la ley, no se mete en problemas y trabaja fuerte".
Así lo hace él quien además de fabricar muebles de madera es locutor en un
programa de radio donde pasa música tropical. "Se llama ‘Al calor de la cumbia’
y pasamos lo que nos piden los oyentes. Mi preferida es una cumbia de Gerardo
Morán".

Para Patricia participar en el taller fue una experiencia
fundamental. "Fue la primera vez que me abrí a contar mi historia, a compartir
mis emociones; una especie de terapia. Me sirvió para entender a mis padres y
las decisiones que tomaron".

Un consejo para las familias que puedan estar atravesando
algo similar, le pedimos. "Que no pierdan las esperanzas de que habrá una
reforma migratoria y que vamos a poder ver como miles de seres queridos se
vuelven a unir. En este país hay muchos padres maravillosos como los míos que
sufrieron para darnos algo mejor y a ellos como a nosotros, los hijos, se nos
debe el derecho de estar unidos y no desmembrados".