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Source: El Diario
Subject: Adult Literacy
Type: Media Coverage

Un escape en medio del dolor: el salón virtual de inglés en época del coronavirus

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El confinamiento de la cuarentena ha traído algo positivo para más de 500 neoyorquinos de todas las edades que en épocas normales no encontraban el tiempo para mejorar el idioma, y que sirve de apoyo emocional.

…47 días, 1,128 horas, 67,680 minutos, 4,060,800 segundos… mucho desespero, aburrimiento, estrés, preocupación, angustia, dolor, más aburrimiento, más estrés, más preocupación y más dolor e incertidumbre por montones, es lo que millones de neoyorquinos están viviendo con la cuarentena para evitar la propagación del coronavirus.

Ese es el sentir que confiesa la dominicana Alba Liriano, quien a sus 24 años está contando los días, los minutos y las horas para que la pandemia del COVID-19 sea un asunto del pasado.

Y aunque asegura que la situación le resulta abrumadora, no solo por los informes de noticias que no paran de mencionar cifras y datos de muertes y contagios, sino porque además lleva semanas sin trabajar en la casa de envíos donde ha estado empleada desde que llegó de la provincia Espaillat, en su natal República Dominicana, Alba ha aprendido a sacarle provecho a lo malo. Con todo el tiempo del mundo libre, y sin otra obligación más que obedecer las normas del confinamiento, el uso de la mascarilla cuando sale al supermercado y respetar el distanciamiento social, la joven encontró la mejor manera de hacerle el quite al encierro: tomar virtualmente las clases de inglés gratuitas que ofrece la organización Se Hace Camino NY.

Con mucha convicción, Alba asegura que precisamente esas clases, que empezó a tomar desde el 16 de marzo, la están salvando de caer en depresión o tener algún ataque de ansiedad.

“Para mí esto ha sido un alivio en medio de la situación tan triste y dolorosa que está pasando. Siempre he querido tener un inglés muy bueno y no he podido, porque desde que llegué de Dominicana me la he pasado trabajando, y ahora, por primera vez en la vida, puedo hacer algo sin estar preocupándome del tiempo”, revela la joven. “Creo que hasta en las cosas malas siempre hay cosas buenas que uno puede sacar y eso es lo que estamos tratando de hacer nosotros”.

Y como si se tratara de un acto sagrado, cuatro veces a la semana, de 8:30 a 10:30 de la mañana, Alba agarra su teléfono celular, se sienta al lado de una mesita en la casa que comparte con su padre, su madrastra y su hermanastra, y toma sus clases de inglés. Y eso la hace feliz.

“Me encanta mucho saber que estoy aprovechando el tiempo, haciendo algo que me gusta, y que Make the Road nos da la oportunidad de seguir aprendiendo”, dice la dominicana, confesando que tanto para ella, como para los 26 compañeros con los que comparte el ciberespacio en medio de su clase, esas dos horas de inglés fuerte, son también una terapia.

“Nosotros aprendemos, pero también nos reímos, nos damos ánimo y hasta hemos estado apoyando en las clases a compañeros a los que ya les dio el coronavirus. Además las dos misses (las maestras) son muy nice”, afirma la inmigrante, quien se puso como meta que al terminar la cuarentena pueda tener un nivel de inglés tan alto, que le permita presumirlo donde sea.

“Creo que a veces uno se la pasa la vida sacando excusas para dejar de hacer algo que le gusta, y con esta pandemia he aprendido que hay que luchar por lo que se quiere y tengo claro que cuando se acabe este curso, ahí no acaban las cosas. Yo seguiré tomando los otros que den”, agrega la estudiante, quien a futuro sueña con convertirse en ginecóloga o en policía, y quien admite que en medio del recuero de estos días oscuros, ella pensará en que fue en ese momento que brilló la luz de aprender inglés.

“Creo que la lección que nos deja todo esto es que no podemos hundirnos y quedarnos en la casa encerrados sin hacer nada. Yo la verdad ya estoy desesperada con el encierro, pero lo malo ha traído cosas buenas, como mis clases y el poder compartir con mi familia, algo que por el trabajo no podía hacer”, concluye la caribeña.

Clases de inglés son un respiro

Hernan Fernández, quien solía trabajar como repartidor, y quien debido a la crisis de la pandemia perdió su empleo, es otro de los inmigrantes que encuentra en las clases de inglés un respiro. En total son 475 estudiantes virtuales en Se Hace Camino NY.

“El curso me sirve para salir de la monotonía de estar encerrado, es como un escape en medio del dolor. Es un bálsamo para el encierro, donde además de aprender, me divierto mucho con la profes Elke y mis compañeros”, dijo el colombiano, agregando que ayuda a mantener la mente sana. “Aunque sea una clase virtual no nos aburrimos nunca, hacemos cosas distintas y se vuelve al menos un calmante contra el estrés que muchos manejamos últimamente ante situaciones como no saber cómo hacer para pagar la renta o incluso muchos para comer”.

Y aunque el estudiante de Make the Road confiesa que antes de la cuarentena no podía estar tan entregado a sus clases, por sus jornadas de trabajo como repartidor de comidas, advierte que ahora, en medio de muchas preocupaciones que lo asaltan, se siente más motivado a aprender inglés para poder abrir más puertas cuando termine la pesadilla del COVID-19. Eso sí, en medio de los elogios a las clases, revela una triste realidad que impide que muchos de sus amigos puedan seguirle los pasos.

“Lastimosamente no todos tienen el acceso a un dispositivo o a un computador para poner conectarse a los cursos, o incluso hay gente que por falta de dinero no tiene internet, por los que sería bueno que la Ciudad pensara en nosotros y nos brindara más ayuda con esos obstáculos”, agregó Fernández.

Julie Quintón, directora de alfabetización de adultos en Se Hace Camino Nueva York, aseguró que aunque la pandemia del COVID-19 obligó a cerrar físicamente sus oficinas, siguen comprometidos en brindar asistencia remoto a los miembros comunidad, con servicios telefónicos y de internet, como los salones de clase virtuales, lo que causa un impacto positivo en los estudiantes.

“Los miembros de nuestra comunidad pueden continuar tomando clases de inglés, que les ayuda a seguir con sus estudios. Esto además apoya a nuestros estudiantes poder mantener su rutina, ya que esta pandemia ha afectado a muchas personas físicamente y mentalmente también”, recalcó la líder comunitaria.

Ayudar para los trabajadores inmigrantes

Otra de las organizaciones que cuenta con un programa similar es La Colmena, de Staten Island, que está realizando en medio de la pandemia clases virtuales con voluntarios bilingües para ayudar a trabajadores inmigrantes a mejorar sus conocimientos y sentirse acogidos. Allí hay 65 estudiantes, mayormente con edades superiores a los 60 años.

“El conocimiento es poder. Aprender inglés les da poder a nuestros vecinos inmigrantes para que puedan navegar por la ciudad y conocer sus derechos”, dijo César Vargas, abogado de inmigración y defensor de la comunidad.

Yesenia Mata, directora ejecutiva de La Colmena, destacó que además de las clases para mejorar el idioma, lanzaron el proyecto como una forma de correr la voz sobre el Censo 2020.

“Los estudiantes deben completar su censo para participar en las clases”, advirtió la activista, destacando los nuevos desafíos para conectarse con las comunidades inmigrantes. “Nuestros eventos de divulgación del censo tuvieron que cancelarse debido a la prohibición de reuniones masivas. Organizar estas clases virtuales nos permite conectarnos con comunidades difíciles de contar, registrarlas para el censo y ofrecerles la oportunidad de aprender inglés con instructores calificados”.

Margarita Sánchez, una de las maestras, dijo que este programa es una muestra del valor de la unidad en medio de las dificultades: “Estamos todos juntos en esto. Enseñar inglés es mi forma de apoyar a una comunidad que contribuye mucho a Staten Island y a nuestro país durante estos tiempos inciertos”.