En Español Know Your Rights
Source: El Diario
Subject: Health Justice & Access
Type: Media Coverage

9/11: ocho años después la tragedia continúa

NUEVA YORK — Como muchos hispanos, el ecuatoriano José Loja consiguió trabajo en
la Zona Cero después de los ataques del 9/11. Por su estatura, a Loja le tocó
entrar a los conductos de los edificios para aspirar escombros y polvo.  

“Como yo soy pequeño, me metían a los ductos para limpiar”, recordó Loja. “Yo
era la única persona que cabía en los huecos”, agregó.

Ocho años después, Loja sufre de varios problemas de salud: gastritis,
sinusitis, dolor de espalda y problemas psicológicos de estrés postraumático,
como agresividad. Loja culpa a la contaminación en la Zona Cero, donde trabajó
por dos años para seis compañías.

No es el único. En los días y meses después del 9/11, entre 50,000 y 100,000
personas trabajaron en la Zona Cero, donde fueron expuestos a químicos altamente
tóxicos como el amianto, plomo, poliuretano y arsénico.

Recientes estudios revelan que hoy más gente está reportando enfermedades
causadas por el 9/11, que van desde asma hasta un virulento cáncer en la sangre.

Hasta agosto pasado, habían fallecido 817 personas que trabajaron en tareas
de rescate y limpieza en la Zona Cero y el vertedero de Fresh Kills, en Staten
Island, adonde se llevaron los escombros del área, según un estudio realizado
por el estado de Nueva York. De ellos, 270 murieron de cáncer, 200 más de otras
enfermedades, y 33 se suicidaron. Hace un año, el número de muertos era 664; las
autoridades dicen que es porque se está haciendo un mayor esfuerzo por recopilar
datos.

El número de personas con síntomas de estrés postraumático ha aumentado,
según un estudio sobre el asma y el estrés postraumático realizado por el estado de Nueva York y publicado en el
Journal of the American Medical Association en agosto. El 19% de los
participantes habían experimentado síntomas de estrés postraumático cinco o seis
años después de los ataques, un aumento del 5% desde la primera encuesta, hecha
dos y tres años después de los ataques. Un 10% tenía asma. De las más de 46,000
personas del estudio, más de 5,000 eran hispanos.

En el hospital Mt. Sinai se creó un programa de monitoreo y tratamiento de
enfermos del 9/11. La Dra. Jacqueline Moline, quien está al frente, resumió la
situación diciendo: “Lo que estamos viendo es que estos síntomas no están
mejorando”.

El típico enfermo del 9/11 es “alguien con problemas del sistema de vías
respiratorias combinado con problemas de reflujo ácido. Alguien que estaba
saludable antes del 9/11 y después del 9/11 su salud se alteró totalmente. Del
lado de salud mental, estamos viendo un aumento en los casos de estrés
postraumático”, apuntó y dijo que 60% de personas en el programa sufren de este
problema.

Subrayando la gravedad de la situación, Moline continuó: “Hay gente en la
lista para un trasplante de pulmón, gente que está visitando el hospital
constantemente por el asma, gente con depresión y tendencias suicidas. Hemos
tratado a personas que antes corrían para arriba y abajo en los andamios, que
ahora ni siquiera pueden caminar todo el corredor sin quedarse sin aliento”.

Este año, Mt. Sinai publicó dos estudios sobre enfermedades pulmonares y alto
incidencia de myeloma, un tipo de cáncer, en personas menores de 45 años que
trabajaron en la Zona Cero.

Loja, el ecuatoriano, dice que los problemas surgieron porque las compañías
contratadas para hacer la limpieza no dieron protección adecuada a los
trabajadores.

En lugar de las máscaras, guantes y trajes de protección que se requieren
para trabajadores en zonas contaminadas, las compañías sólo les daban una
máscara de cartón, relató Loja. Gateando por los conductos, él se quitaba la
máscara porque dijo: “uno se iba sofocando”.

Las compañías no protegieron a los trabajadores. Según Loja, los trabajadores
dejaban su ropa limpia en un cuarto que no fue descontaminado y por la noche
comían sin máscara. “No sabíamos que estaba contaminado”, relató.

Esta semana, Loja compartió sus experiencias con un grupo de enfermos del
9/11, en la oficina de la organización comunitaria Make the Road New York en
Queens. Allí, José Gaviria, un colombiano de 59 años, contó que cuando trabajó
haciendo demolición para la compañías Maxson y Milroy, “no nos daban protección
de ningún tipo. Las máscaras las vendían”.

Rubiela Arias, de 43 años, quien trabajo extrayendo amianto, sufre de mareos
y falta de aire, tiene las manos hinchadas y le han salido manchas en la piel.

En el grupo también hay personas como Teresa Jurado, una colombiana de 76
años que trabajó durante 30 años en la Torre Norte, limpiando oficinas para la
Autoridad Portuaria. Salió del trabajo horas antes de que los aviones impactaran
contra los edificios.

“Perdí amigos, mis jefes, yo quedé sola en el mundo, sin trabajo, sin nada.
No tenía con que pagar la renta, entonces iba a pedir ayuda de la Cruz Roja en
la Zona Cero”, recordó. Ahora, está siendo tratada por problemas respiratorios y
estrés postraumático.

Nora Triviño, de 54 anos, comenzó a enfermarse en el 2005 y ahora no puede
asistir a las reuniones. Tiene lupus, reumatitis, reflujo intestinal, asma,
depresión y claustrofobia. Sus compañeros la llevan al hospital en tren, porque
no tiene el dinero para pagar un taxi.

“Nos estamos muriendo de los tóxicos de la Zona Cero”, dijo otro miembro del
grupo, Carlos Silva, de 50 años.

El grupo está montando una campaña para buscar mejor tratamiento para los
enfermos del 9/11 y visas humanitarias para víctimas indocumentadas. Desde el
2001, algunos políticos han abogado para lograr más ayuda las víctimas, y
lograron extender el plazo para aplicar para compensación para el trabajador y
compensación para discapacitados hasta septiembre, 2010.

En mayo, el Presidente Barack Obama anunció que su propuesta fiscal para el
año 2010 incluye más de $70 millones para examinar y tratar a las personas
afectadas por el 9/11, pero los indocumentados están fuera del alcance de los
beneficios.