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Source: El Diario
Subject: Education Justice
Type: Media Coverage

Estudiantes sin documentos esperan un sueño

Presidente Obama empieza a discutir
una reforma migratoria esta semana

 


Guadalupe, de 16 años, cierra los
ojos y se imagina a ella misma en diez años.

  

“Estaré graduada, con mi propia oficina, dando
consultas”, asegura la joven, sonriendo. “Quiero ser sicóloga para niños”,
apunta.

  

Con la
política migratoria actual, Guadalupe, que es indocumentada, no podría realizar
su sueño de estudiar en una universidad estadounidense y tener una carrera en
este país. Sus padres la trajeron de México hace dos años y hoy día viven en Queens.

  

Pero si se aprueba el DREAM Act, o la Ley del Sueño, el proyecto de ley
permitirá que Guadalupe y miles de estudiantes más asistan a universidades
estadounidenses como residentes del país, con la
posibilidad de volverse ciudadanos.

 


Este año,
esta legislación —que fue introducida por primera vez en el 2001 y derrotada
por poco votos en el 2007— cuenta con apoyo bipartidista en el Congreso y en el
Senado.

 
 

Miles de jóvenes estudiantes en todo el país
han salido a protestar en los últimos años para presionar al Congreso de EE.UU.
para que apruebe el proyecto del Dream Act. Miles de jóvenes estudiantes en
todo el país han salido a protestar en los últimos años para presionar al
Congreso de EE.UU. para que apruebe el proyecto del Dream Act.
El presidente Barack Obama —quien ha
dicho que la apoya “100 %”– inicia el debate sobre una reforma migratoria en Washington este jueves y
muchos esperan que el D
REAM Act sea uno de los primeros puntos en su agenda.

 


Para beneficiarse del
DREAM Act, un estudiante tiene que haber llegado a EE.UU. antes de los 16 años
y haber vivido en el país más de cinco años. También debe tener un diploma de
una escuela secundaria o un diploma general (G.E.D.) y ser de “buen carácter
moral” (no haber cometido ninguna ofensa). De ser aprobada, la legislación
beneficiaría a unos 65,000 estudiantes, según la organización Consejo Nacional
de La Raza.

 


Los jóvenes
que califiquen para el DREAM Act obtendrían la residencia permanente durante
seis años, un periodo durante el cual deben asistir la universidad y obtener un
diploma de dos o cuatro años, o prestar el servicio militar, para obtener la
ciudadanía. También podrían recibir préstamos y ayuda financiera del estado.

 
 

Los que
apoyan el proyecto de ley aseguran que no es un sustituto para una reforma
migratoria integral, que beneficiaria a todos los inmigrantes, sino “un primer
paso”.

 


Así lo caracterizó el alcalde
Michael Bloomberg en mayo, cuando anunció su apoyo para el proyecto
Guadalupe,
de 16 años, sueña con convertirse en sicóloga. Guadalupe, de 16 años, sueña con
convertirse en sicóloga.
junto con los líderes de 18 grandes empresas, entre ellas,
American Express, Citibank y JPMorgan Chase.

  

“Existen
cientos de miles de niños que están aquí ilegalmente”, aseguró el alcalde en un
comunicado. “Cuando salen de la escuela, enfrentan una triste realidad que
puede extinguir la luz de un futuro brillante. Sin posibilidad de recibir
préstamos para estudiar y empleos legales, muchos terminan trabajando por un
sueldo bajo, sin papeles”, agregó Bloomberg.



Los que se
oponen al DREAM Act dicen que éste puede agudizar la crisis financiera en casi
todos los estados, y que recompensa a los que han violado la ley, regalándoles
oportunidades que pertenecen a familias de la clase media de este país.

 


Dan Stein,
presidente de la Federation for American Immigration Reform (FAIR) dice que el
proyecto de ley “acaba con las esperanzas y los sueños de un sin número de
familias americanas que están luchando para crear oportunidades para sus
propios hijos”.

  

Guadalupe,
bajita y con una dulce sonrisa, hizo el viaje de México a Nueva York cuando
tenía 14 años. Durante el viaje, que duro más de un mes, su familia fue
asaltada por delincuentes y encerrada en una casa en la frontera durante dos
semanas.

 


Guadalupe rememoró su viaje en un
libro escrito este año por los alumnos de su clase de justicia social. En el
libro, “Al borde de mi nueva vida”, varios jóvenes narran sus experiencias
cruzando la frontera: tienen que caminar durante días enteros, gatear por
alcantarillas, esconderse de helicópteros, observar el abuso sexual e incluso
la muerte de otros inmigrantes.

 


Pero hay un
capítulo que no está en el libro, asegura
Natalia Aristizabal, la profesora del curso de justicia social, que también es
una activista de la organización comunitaria
Make the Road New York. Es la historia de los jóvenes
indocumentados tras llegar a EE.UU.

“Uno se va
adaptando… aquí conocí a colombianos, ecuatorianos, salvadoreños, aprendí
palabras nuevas, aprendí a montar el tren”, asegura Guadalupe.

 


Pero los
jóvenes indocumentados se asimilan a la cultura de EE.UU. sin una garantía de
futuro, apunta
Aristizabal.

 
 

“Son
extranjeros en dos lugares”, afirma, y concluye: “Estos niños son americanos
por vivencia, no por título”.