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Source: El Diario
Subject: Immigration
Type: Media Coverage

Miedo y desconfianza marcan la vida de los inmigrantes en Staten Island

Nueva York, 28 jul (EFE).- El miedo y la desconfianza acompañan a diario a latinos en Port Richmond y la policía se ha apoderado prácticamente de las calles de esa villa del condado neoyorquino de Staten Island, tras aumentar las agresiones contra la comunidad inmigrante.

Ya son ocho las víctimas de los ataques, sin aparente razón, desde el pasado 5 de abril, la mitad de ellos mexicanos, y la mas reciente ocurrida el pasado viernes.

Hasta el momento sólo se han realizado cuatro detenciones relacionadas a uno de esos casos.

“Tenemos temor, no salimos de noche, es como un toque de queda. Si tenemos que comprar algo, lo hacemos de día”, según varios inmigrantes mexicanos, incluida Gabriela Castañeda.

“Ahora están atacando a los trabajadores, antes fueron los negocios latinos”, comentó a Efe Castañeda, que vive hace dos años en Port Richmond con su esposo y dos hijos.

Agregó que ha prohibido a su hijo de 16 años que salga de noche ante el temor a que vuelva a ser blanco de agresión, como ya le ocurrió en la escuela.

No se puede transitar por la calle principal de Port Richmond -donde hay todo tipo de negocios latinos- sin encontrarse con uno o varios policías, que atentos vigilan el paso de los transeúntes.

La policía ha instalado además dos torres de vigilancia y una unidad móvil, para prevenir más ataques.

A ellos se han unido desde el pasado lunes los Angeles Guardianes -organización voluntaria fundada hace 30 años en el barrio de El Bronx y que patrulla las calles en áreas con alta incidencia criminal- que en equipo y con sus chaquetas y boinas rojas, caminan por las calles de este vecindario de día y noche.

Aseguran que estarán allí “hasta que sea necesario” asistiendo a la policía y distribuyendo hojas con un número de teléfono al que el público puede llamar para denunciar las agresiones.

“Es muy triste lo que está pasando con la comunidad latina”, dijo Benjamín García, miembro de esa organización, mientras que su compañero Dennis Torres señaló que muchos de ellos están entrenados en artes marciales para enfrentar situaciones difíciles ya que no portan armas.

Las agresiones en Port Richmond han sido condenadas por inmigrantes, activistas, políticos y autoridades, que han creado el equipo de trabajo “Soy Staten Island” en busca de soluciones, mientras la comunidad realiza frecuentes manifestaciones exigiendo el fin de esos ataques.

El cónsul de México, Rubén Beltrán, ha escrito a las autoridades locales y federales para dejarles saber que “no tolerarán” más agresiones a sus ciudadanos y exigir más vigilancia.

Víctor Soto es otro inmigrante radicado en la villa hace seis años y aseguró que le preocupa la situación.

“Los latinos somos gente trabajadora, vinimos acá para ayudar a nuestras familias, no hacemos ningún daño a nadie. No es justo que trabajemos diez o doce horas y cuando vamos a casa recibamos una paliza”, dijo este ex empleado de restaurante que ha optado “por no salir mucho de noche”.

Soto y muchos otros inmigrantes se benefician de los servicios de la organización comunitaria Se Hace Camino Nueva York, que varias veces ha tenido que acortar las clases nocturnas de inglés para evitar exponer a los inmigrantes a peligros en las calles, comentó el activista Daniel Coates.

Sin embargo otros residentes de Port Richmond, como la colombiana Patricia Suárez, que hace 22 años se estableció allí con su familia, aseguran que no siempre fue así y que la villa era un lugar tranquilo para vivir.

“Era un pueblo totalmente diferente, pero hace algún tiempo ha habido crímenes de odio y creo que es debido a la ley SB1070 que ha provocado la ira de muchos y que quieran golpear a inmigrantes”, señaló Suárez al referirse a la polémica ley de Arizona.

Como en muchos otros lugares en EEUU, un gran número de indocumentados en Port Richmond trabajan como jornaleros y pese a que saben de las agresiones a inmigrantes, no se muestran asustados.

“¿Qué hacemos con preocuparnos y sentir miedo? ¿Qué ganaríamos? Nada, porque tenemos que trabajar y enfrentarnos a nuestra realidad”, comentó el mexicano Manuel Alvarado quien, como cada día, esperaba junto a otros diez jornaleros a que alguien les contratara.