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Source: El Diario
Subject: Immigration
Type: Media Coverage

Listos y emocionados para el gran día

  

NUEVA YORK — Para que todo saliera perfecto hoy en la esperada Marcha por América, muchos miembros de distintas organizaciones trabajaron duro ayer confirmando asistentes, preparando las meriendas para los buses, pintando carteles y hasta armando una orquesta.

"Un dos, un dos. Tum-baca-tum, tum-tum", repetía Camilo Rodríguez, músico colombiano que dirigió el ensayo de la banda integrada por algunos miembros de la sede de Bushwick de Se Hace Camino Nueva York.

Entre risas, unas diez personas intentaban seguir el ritmo con sus tambores hechos con tarros de pintura. Tum-baca-tum, tum-tum. Tum-baca-tum, tum-tum.

"Voy muy emocionada… Con nuestros instrumentos vamos a recordarle al señor Presidente que aquí estamos y seguiremos luchando para que cumpla sus promesas", dijo Laura Ordóñez, mexicana de 38 años.

Kelly Alonso, de 13 años, estuvo toda la semana pintando tambores y practicando el ritmo. Sus padres son inmigrantes y está luchando para que ellos puedan tener un trabajo digno y puedan pagar la renta.

En otra sala, Manny Rodríguez y Lizbeth Pérez preparaban meriendas para los 42 buses que lleva la organización con agua, jugo, fruta, una barra de granola, atún y galletas y un sandwich. Ellos contaron que un grupo de 100 jóvenes pasaría la noche en la sede para poder despertarse a las 5 a.m.

En Corona, Queens, los miembros de la Iglesia St. Leo también preparaban sándwiches de pavo y queso para los cuatro buses que viajaran hoy.

"Estamos tratando de tener todos los detalles para que no haya emergencias y para que todos estén contentos", aseguró Rosario Perea, 39.

"Yo ayer no dormí, no comí, no almorcé, no limpié mi casa… Me la pasé en la calle cobrando a la gente porque ellos trabajan y no pueden venir. Anoche ni dormí de tensión y nervio. Hoy (ayer) no vamos a dormir tampoco…", contó entre risas Cristina López.

Al mismo tiempo, Diana Avellaneda de 14 años escribía carteles para la marcha junto con su padre. "Mis padres son indocumentados y para mi es muy triste que no puedan ir a México a ver a sus familias, que en sus trabajos les pagan mal y que no tienen derechos como los americanos. Me da mucho miedo que un día me separen de mi familia", explicó mientras escribía.

"Todo el mundo está súper, súper, súper animado. Han trabajado durante toda la semana y llevan esperando este día por mucho tiempo", dijo José Calderón, de la Hispanic Federation que reúne a muchas organizaciones de jornaleros e inmigrantes.