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Source: El Diario
Subject: Housing & Environmental Justice
Type: Media Coverage

Duras lecciones de Sandy

Hace un año cuando el huracán Sandy azotó la ciudad de Nueva York, se hizo evidente quiénes eran los más vulnerables en caso de un desastre natural. Hoy, en nuestras comunidades todavía impera la frustración con la lenta recuperación y la respuesta insuficiente del gobierno.

Ya antes de la tormenta, nuestras comunidades se vieron dañadas por condiciones medioambientales peligrosas. Muchas comunidades latinas perjudicadas por Sandy son zonas industriales costeras como el Norte de Brooklyn, el Sur de El Bronx, Sunset Park y Staten Island, donde existe un alto índice de asma y diabetes en la población latina.

La administración de Bloomberg presentó un plan de acción sobre el impacto de Sandy, pero no incluyó ni a las comunidades ni a las organizaciones que se disponía a ayudar, e ignoró el trabajo preventivo.

A dos meses de la salida de Michael Bloomberg de la alcaldía, la administración entrante deberá integrar las necesidades y prioridades que se presentan en la región, como el desarrollo de proyectos de infraestructura verde y adaptación climática.

También, urge reducir la vulnerabilidad de transporte, energía y alimentación. Se debe explorar un plan de distribución en caso de emergencia que hoy día no existe.

Es primordial asegurar la salud y seguridad de los trabajadores y residentes. De acuerdo a estudios y documentos federales, en las zonas industriales que se vieron afectadas se almacenan y distribuyen tóxicos y metales altamente dañinos para la salud. Aunque se encuentran sometidos a estrictos estándares federales, no existe un plan de contingencia pública en caso de un desastre natural.

Se debe permitir que se expanda su rol a las comunidades y sus organizaciones. Antes, durante y después de Sandy, muchas comunidades de color dependieron de organizaciones sin fines de lucro (incluyendo a Se Hace Camino a Nueva York) para obtener ayuda e información. Sin embargo, al momento de repartir competencias y becas, la administración ignoró la labor ya hecha por las organizaciones que componen el Sandy Regional Assembly, como Uprose, El Puente, Youth Ministries for Peace & Justice, entre otras.

Estas voces deben ser parte de la toma de decisiones y su ejecución, y no ser relegadas en el momento de hablar del financiamiento y ayudas que mantendrían las comunidades más unidas y seguras.

A un año de Sandy, el proceso ha sido burocrático y superficial. Cuando se trata de cambios climáticos y desastres, no se puede tener la mentalidad de un alcalde prepotente, ya que él y sus empleados en su mayoría son los menos calificados para entender a quienes sufren más en estas situaciones, sin antes escuchar sus necesidades.

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